martes, 5 de octubre de 2010

PAN DE ESCANDA O DE SUCU

Lo probé en una ocasión, no hace mucho tiempo, y me pareció riquísimo, un auténtico producto “delicatessen”. Lástima que sea tan difícil de adquirir.

La ESCANDA, espelta o trigo salvaje, es un cereal antiquísimo, considerado como el origen de toda la familia del trigo que se consume hoy en día.


La escanda es la especie botánica Triticum spelta. Fue cultivada en la zona centro-sur de Asturias hasta la mitad de siglo con mucha abundancia. A partir de los años cincuenta y debido a la emigración del campo su cultivo comenzó a extinguirse aceleradamente. Tal es así que en la actualidad apenas se localizan algunos sembrados. La importancia que este cereal tuvo en Asturias fue primordial en el consumo de pan. La plaza de la Escandalera de Oviedo nos puede dar una idea de la popularidad de la escanda, pues aunque algunas opiniones señalan que este nombre de Escandalera procede de escándalo, las más lo atribuyen a la compraventa en ese lugar de este producto.

Se trata de una especie de trigo rústico que se da en terrenos montañosos, muy resistente al frío y a las inclemencias del tiempo. Existieron varias clases de escanda. Sin embargo, aquí se va a hacer referencia únicamente a la conocida como grano rojo, que es la de mejor calidad y abundancia.

No está claro el origen de este cultivo en Asturias. Algunos autores atribuyen a los celtas la traída de esta semilla. Otros señalan su introducción a los inmigrantes rusos del Cáucaso; sin embargo, las opiniones más generalizadas es que hayan sido los romanos quienes la implantaran en la región asturiana. Estos últimos apoyan sus criterios en que las palabras erga, mesoria y otras de la jerga de la escanda son de origen germano-latino.

En el concejo de Quirós se cosechó este cereal con mucha implantación en todos sus pueblos. Actualmente, en los pueblos de Bermiego y Cortes, y algún otro, aún se siembra la cantidad suficiente para que los habitantes que en él viven de la agricultura obtengan un 50% de su consumo de pan. El pan obtenido de este cereal, conocido como pan de escanda y también pan de sucu, pasó prácticamente a ser una reliquia en menos de un cuarto de siglo, y su precio, cuando existe alguna posibilidad de adquirirlo, está, como dicen en Bermiego, a «pelos de demonio».

De Bermiego obtenemos el proceso que sigue para la obtención del pan de escanda. Es posible que en otros lugares se utilicen procesos diferentes. Este pueblo, hasta los años cincuenta aproximadamente, no sólo cosechaba escanda para su consumo, sino que en época de recolección exportaba mano de obra a Oviedo (faldas del Naranco). Mujeres de este pueblo expertas en recolección, se trasladaban, en una operación conocida con el nombre de «ir a la rivera». El traslado de estas operarias era a pie hasta Fuso de la Reina, donde cogían el tren.

Cosecha. El cultivo de la escanda requiere terrenos no muy fuertes ni abonados, ya que si la planta crece con mucha fuerza, llega a caerse en los meses de invierno.

La semilla es conocida con el nombre de erga. Se trata de una de las partes que componen la espiga. Se siembra siempre con la gluma, es decir, sin descascarillar, existiendo la creencia de que sembrada sin ella, el grano se pudriría y no llegaría a germinar. La erga se separa para la siembra en la pisaza, al obtener el grano.

La siembra se efectúa entre noviembre-diciembre. El sembrador extiende las semillas en la tierra a voleo, con la abundancia suficiente para que nazcan las plantas necesarias. Si salen de más, serán entresacadas en la operación de la salla. Una vez extendida la semilla, se cubre ésta, arando la tierra con un arado romano con tracción animal: bien pareja de vacas uncidas (xunidas) o con un animal caballar o mular.

Las plantas nacen y crecen según las temperaturas; normalmente, su nacimiento se produce en los meses de enero-febrero. No olvidemos que éste es un cereal de alta montaña, cosechado entre los 500 y 1.000 m de altitud, y en esta época del año, en estos parajes abunda la nieve y las bajas temperaturas.

Al mismo tiempo que la escanda crecen otras plantas nocivas para ella que es necesario eliminar. Esta faena se llama salla, que además sirve para entresacar las plantas sobrantes, dejando las idóneas para la obtención de una buena cosecha. Esta labor de sallar es efectuada generalmente en el mes de marzo con azada ofesoria (axá, en Bermiego), usando con frecuencia las manos para arrancar y separar las plantas. La labor de la salla es muy popular en Asturias, ya que se usa también en otras cosechas, como maíz, patatas, cebollas, etc., de ahí la copla que dice: esa saya colorada / no la lleves a sallar / si quieres que te la vean / cuélgala de la figal.

Esta labor se efectúa en la finca, por tramos, conocidos con el nombre de estayas. Se trabaja de abajo hacia arriba de la finca, y cuando la efectúan varias personas y algunas llegan arriba antes que las demás, dejando parte atrás para llegar primero, se les dice que «cagaron n'a estaya». En algunas ocasiones y cuando la labor apremia, se usa la gradie (grade) con tracción animal. Es ésta una operación más rápida, pero lógicamente no queda tan bien como a mano.

Terminada la operación anterior, la planta sigue su crecimiento, sin otra labor, hasta los meses de mayo-junio. Por esta época se procede a la operación conocida con el nombre de arreandar. Esta operación consiste en quitar de nuevo las plantas nocivas y arrimar la tierra a los diferentes tallos. Las plantas nocivas más abundantes son la avena y el cardo. Esta operación se hace en estayas de arriba hacia abajo. Es la última labor que se hace antes de la cosecha. Ésta se efectúa entre la segunda quincena del mes de agosto y septiembre. Si la climatología fue propicia, las plantas o panales estarán de pie; pero ocurre con frecuencia que por los vendavales o el exceso del orbayu (orbacho) las plantas estén arrastradas por el suelo.

Si las plantas se mantuvieron en pie, las espigas se recogen sirviéndose de las mesorias, que es un artilugio de dos palos de unos 55 cm de longitud pulidos y aguzados por un extremo, unidos por el otro por una cuerda o correa a modo de charnela. Cogidas las espigas entre las mesorias, el mesoriador va arrancándolas y echándolas en la güexa (recipiente construido por el goxeiru a base de tablillas deablanu, avellano), detrás de los mesoriadores van los pelucones recogiendo una a una las espigas dejadas por el mesoriador y recogiendo las del suelo.

Para la recolección se suelen ayudar los campesinos unos a otros. Aparecen entonces los grupos de cogedores del pan conocidos con el nombre de andechas. Lo mismo que en la salla, se puede producir el fenómeno de «cagar n'a estaya». Esta operación se hace en las fincas de abajo hacia arriba, o bien de lado según la altura e inclinación de las plantas. Recogidas las espigas, son transportadas a los hórreos (horros), donde son almacenadas hasta el invierno. En esta situación se procede a la operación de obtención del grano de escanda: la pisaza. La paja que queda en las tierras es segada posteriormente y utilizada para el mullido del ganado, o bien para forraje, en épocas de escasez, meclada con hierba.

La pisaza. Llegados a los meses de invierno, se procede a la operación del desgranado de las espigas y a la obtención del grano de las espigas. Esta operación se efectúa en molinos de pisar, de ahí su nombre de pisaza.

Transportadas las espigas a los molinos de pisar, se procede al chamusqueo de las espigas, eliminando las arestas. Actualmente se utiliza una simple máquina donde se introducen las espigas por su parte superior, saliendo el grano de escanda por su parte inferior.

Este proceso fue muy laborioso hasta hace pocos años. Había que machacar las espigas después del chamusqueo (pisarlas), con grandes machos de madera, generalmente de acebo, pasando posteriormente a un molino que segregaba el grano de su cáscara (la poxa), que posteriormente se aventaba con una máquina de rabil, cayendo la escanda (grano) por su gravedad en recipientes situados en la parte inferior de la máquina. Actualmente, el machacado se utiliza únicamente para la obtención de la erga que servirá de semilla para la próxima cosecha.

En cualquiera de los procesos, la escanda no se obtiene totalmente pura, por lo que es necesario un nuevo proceso manual, donde se separan las impurezas.

Hornada (forná): Esta labor es realizada principalmente por las muyeres de la aldea, las madres de familia. La harina es transportada desde el molino en el fueche. Una vez en casa, se peñera (criba) para quitarle el salvao. No se puede tamizar demasiado, pues de esta forma pasa mucho salvao a través del peñeru, y el pan queda más oscuro. En ocasiones, el salvado separado se volvía a peñerar, utilizándolo después para fabricar el llamado pampardo.

El siguiente paso es hacer el fermento (furmientu). Se fabrica con un poco de pasta de la que se amasó por última vez y que previamente se había reservado en un tazón, agua templada y harina. Se mezcla todo en una esquina de la masera y se deja fermentar hasta el día siguiente.

Ya preparado el furmientu, se echa en la masera la cantidad de harina necesaria, según los panes y bollos que se quieran hacer. Se forma un hueco en el centro, donde se echará el furmientu y agua templada con sal. Luego se mezcla todo bien con las manos, procurando que la masa no quede demasiado dura (si esto ocurriera, se le añadiría un poco más de agua), ni demasiado blanda (en cuyo caso se le añadiría más harina). Se mezcla todo bien durante media hora, calcando de vez en cuando con los puños, o con los codos si es mucha pasta.

La masa se envuelve en un paño blanco de algodón, generalmente una sábana vieja, y una manta. La envoltura no debe quedar muy justa. Se colocará en lugar templado, dejándolo que suba durante tres horas o más. Se sabe que está cheldao (nombre que se da a toda esta operación), cuando podemos balancear la masa sin dificultad (el pan ya arrocha), ya está listo para enfornar.

A las dos horas de amasar el pan hay que encender el horno (arroxar) y calentarlo bien durante una hora u hora y media, con leña de roble o avellano (ablanal), hasta que los ladrillos que forman la entrada (boca del forno) aparezcan de color blanquecino. Entonces se procede a limpiar bien la base del horno, se le quitan bien las brasas y la ceniza con el sorrahorio, que es un palo largo. Se dejan unas pocas brasas a la entrada y se tapa para que no enfríe mientras se elaboran los panes y bollos. En ocasiones también se hace un bollu preñáu, con chorizo, tocín y jamón, que se cocerá dentro de una sartén.

La masa de pan se destapa y se corta en trozos. Para hacer los panes hay que dejar la corteza que se formó al cheldar hacia adentro; de lo contrario, no quedarían finos. Tras hacer todos los panes y bollos, se procede a enfornarlos (meterlos al horno).

Las piezas se introducen con la pala, pieza de madera toda ella con mango muy largo, y se van colocando de mayor a menor dentro del horno. Una vez introducidas todas, se coloca la tapa de hierro y se deja cocer. Los bollos suelen estar listos a la media hora de enfornar, y los panes grandes, a la hora y media.

Es tradición en Bermiego, mientras cocía el pan, rezar oraciones, las más comunes eran el Padre Nuestro «a San Froilán para que florezca el pan» y a «San Justo, para que de poco saque mucho».

Después de diez minutos de enfornar, hay que echar una ojeada. Si el pan tiene mucho color, es que está demasiado arroxado y hay «quitarle» algo de calor. Para ello se pasan por la bóveda del horno unas ramas de sabugo, con lo que se baja un poco la temperatura. Si, por el contrario, el horno está poco caliente y el pan no coge suficiente color, se utilizan las brasas reservadas a la entrada del mismo, añadiéndoles un poco de harina para que al quemar dore un poco la masa.

A los panes grandes se les debe dar la vuelta, para lo cual utilizan la ayuda de lacaza, construida con madera en forma de T. Una vez cocidos, se sacan del horno, y ya se puede comer un «riscu calentín».

En cada forna de pan de escanda se suelen echar también una borona o dos. Se come una para cenar. La borna (boroña) se hace con harina de maíz, y con leche caliente «ye» riquísima.

Los hornos de cocer el pan están situados en un recinto aparte dentro de las viviendas, en lo que hoy se conoce como «la cocina vieja». En el mismo recinto está el llar (char). Este recinto era la cocina habitual, y en la actualidad se utiliza para curar la matanza (mondongo).

El horno está construido a la altura del pecho de una persona de estatura normal. Debajo de él está situada la cenicera. Su forma en la base es redonda y su pared cónica, terminando en una bóveda. Su piso está constituido por ladrillos macizos, y su pared por ladrillos macizos o trozos de teja, todo ello rellenado con barro arcilloso.

Fuente: Procesos para la obtención del pan de escanda o de «sucu», informe facilitado por el Ayuntamiento de Quirós.

lunes, 4 de octubre de 2010

LA PALLOZA

Una palloza (también conocida como pallouza y pallaza) es una construcción tradicional de la Sierra de los Ancares (límite de Galicia y la provincia de León).

De planta circular u oval, de entre diez y veinte metros de diámetro. Con paredes de piedra y cubierta por un tejado cónico, formado por tallos de centeno. Destinada en parte a vivienda y en parte a cuadra para el ganado vacuno. Su estructura era ideal para resistir los crudos inviernos.

Su origen es prerromano, presumiblemente celta. La pallozas tienen similitudes con las casas redondas de la Edad del Hierro de Gran Bretaña o con las edificaciones de la cultura castreña. Como nota anecdótica cabe indicar que el poblado de Astérix, el galo, está compuesto, en parte, por pallozas.

El nombre de palloza es en realidad una deformación del término gallego "pallaza", recogido por primera vez a fines del siglo XIX por etnógrafos como el alemán Fritz Krüger, refiriéndose al material con que se realizaba la techumbre de la edificación. La denominación tradicional de estas construcciones es en realidad casa de teito o casa de teitu.

Fueron utilizadas hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando las modernas comunicaciones facilitaron la llegada de nuevos materiales de construcción a la zona. Hoy se encuentran en Galicia y León, comarca de los Ancares se conservan en varias zonas del municipio de Candín y occidente de Asturias. Destacar el conjunto de pallozas en el pueblo berciano de Campo del Agua, destruidas en gran parte, por un gran incendio a mediados de los años 80 del siglo XX, hoy en proyecto de restauración. La más famosa de ellas, quizá sea la de Piornedo, que desde los años 70 es un museo etnográfico. Desde hace tiempo se vienen construyendo nuevas pallozas que se usan principalmente, para uso turístico, incluso en zonas muy alejadas y donde tradicionalmente no existieron.















OTRA FORMA DE VER EL ARTE

Google ofrece una visión única de 14 obras del Museo del Prado

Catorce de las obras más representativas de la pinacoteca española se pueden admirar y estudiar al detalle a través de Google Earth. El proyecto es pionero en todo el mundo y permite navegar por los cuadros con un realismo espectacular, visualizando detalles que el ojo humano sería incapaz de detectar con una visión directa de la obra.

Google ha financiado enteramente este proyecto que le ha llevado a fotografiar, en colaboración de la compañía madrileña Mad Pixel, trazo a trazo las 14 obras maestras del Prado en mega alta resolución para después componer todo el cuadro como si se tratase de un puzzle digital. En total se han realizado 8.200 fotografías (1.600 fotos sólo para El Jardín de las Delicias).

Este sistema permite navegar por la obra, acercarse y seleccionar el detalle que se quiere ampliar gracias a los 14.000 megapíxeles de resolución de las imágenes, que suponen una nitidez hasta 1.400 veces mayor que la que se obtendría con una cámara digital de 10 megapíxeles de las que usa en la actualidad cualquier turista.

Las 14 obras disponibles en Google Earth son:

La Crucifixión, Juan de Flandes

El caballero de la mano en el pecho, El Greco

La familia de Felipe IV o Las Meninas, Velázquez

El sueño de Jacob, Ribera

3 de mayo, Goya

La Anunciación, Fra Angelico

El Cardenal, Rafael

El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg, Tiziano

Inmaculada Concepción, Tiepolo

El Descendimiento, Roger van der Weyden

El jardín de las Delicias o La pintura del madroño, El Bosco

Las tres Gracias, Rubens

Autorretrato, Durero

Artemisa, Rembrandt

domingo, 3 de octubre de 2010

NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS

Hay días cabrones y hoy es uno de ellos. La lluvia, el frío y el viento, han aparecido por estos parajes en el momento más inoportuno. Después de meses sin llover, tiene que ser precisamente hoy, en plenas fiestas de San Froilán, cuando se haga presente desluciendo todos los festejos callejeros programados, entre ellos el desfile de las Cantaderas, los carros engalanados y los Pendones.

Así que a mal tiempo buena cara y refugiados en algún que otro bar del Barrio Húmedo, que hoy estaba más húmedo que nunca, nos resarcimos del cabreo tomando unos vinos con sus correspondientes tapas, para después de comer echarnos una cabezada sobrada y más tarde refugiarnos en el ciberespacio.



Al parecer fue éste San Froilán, patrono de la Diócesis de León y cuya festividad se celebra el próximo día 5, nacido en Lugo en el año 833, un estudiante que a los 18 años decidió convertirse en ermitaño retirándose a una gruta en Reitelán, en Vega de Valcarce, en el Bierzo, mientras estallan las revueltas mozárabes en la España musulmana.

Para liberarse de la soledad se sometió a una prueba de fuego. Si Dios suspendía las leyes, era señal evidente de su voluntad divina: Froilán introdujo unas brasas encendidas en su boca. El fuego no le causó la más mínima quemadura. Dios había hablado. De los montes se lanzó a los poblados a propagar entre los hombres otro fuego que le ardía dentro.

A lo largo de los años, su vida se ve marcada por diferentes acontecimientos que irán forjando poco a poco su destino, tal vez uno de los más importantes conocer al sacerdote mozárabe de Tarazona, Atilano, con el cual emprenderá una vida monacal y de reforma de la vida eremítica, con ánimo de atender únicamente a su perfección y a la unión con Dios. Se retiran a lo más quebrado de las montañas leonesas, el monte Cucurrino (hoy conocido como monte Curueño.

Pero los pueblos en masa le seguían a su celda solitaria. Con las muchedumbres iban magnates y obispos que anhelaban oír su palabra. Entre sus oyentes se despertaron numerosos seguidores cautivados por sus ejemplos. Ante los ruegos insistentes se ve forzado a bajar a la ciudad de Veseo. Allí erige su primer monasterio, que llenará pronto con 300 monjes. Es el comienzo de una nueva etapa: fundador de cenobios.

Su fama salta los montes de León y llega a oídos de Alfonso III, en Oviedo la capital. El rey le envía mensajeros ordenándole venir a su corte. Se fija en él para la gigantesca obra de repoblación que había comenzado su padre, Ordoño I. Froilán puso en juego de nuevo su capacidad de iniciativa y se dio a recorrer las tierras del reino. Su beligerante actitud le llevó a fundar dos grandes monasterios cerca de la frontera, a pocos kilómetros de Zamora.

En el año 900, muere el obispo de León, Vicente, y el pueblo pide al rey que sea Froilán el nuevo obispo. Fue nombrado obispo en el día de Pentecostés (19 de mayo) del 900; ese mismo día recibía también la consagración episcopal para ser Obispo de Zamora su inseparable y santo amigo Atilano.

La Iglesia de León, que estaba dedicada, según una donación de la época, a los señores, santos, gloriosos y, después de Dios, fortísimos patronos Santa María Virgen, Reina celeste, y San Cipriano, obispo y mártir, recibía ahora clamorosamente por obispo al que había de ser su patrón hasta el día de hoy. Los ceremoniales fueron presenciados por el rey y toda la corte del momento, lo que da una idea de la importancia de la figura de San Froilán en la época.

Cinco años después muere en León, el 5 de octubre, y es enterrado en la Catedral de León o antigua iglesia de Santa María, en un suntuoso sepulcro construido para sí por Alfonso III. Las crónicas cuentan que los devotos vecinos de León lloraron amargamente la falta de su Santo pastor Froilán….

Cuenta la tradición que, el representar al santo patrón en compañía de un lobo podría deberse a un encuentro que tuvo con uno de ellos en una de sus múltiples peregrinajes. Dicen que estando san Froilán una mañana rezando y absorto en sus oraciones, se le apareció un lobo hambriento que vio en el asno del santo un apetitoso almuerzo. Abalanzándose sobre él, comenzó a devorarlo momento en el que lo encontró el Santo, que con su mirada dejó al lobo acurrucado y temeroso, mientras le hablaba de amor y paz. Así fue como San Froilán consiguió quitarle al lobo el miedo al hombre y al fuego, tomándolo a su servicio para llevarle por el mundo las alforjas. Desde entonces, el lobo caminó siempre a su lado, arrimado a su pierna derecha.

La Fiesta de Las Cantaderas conmemora la victoria cristiana en la Batalla de Clavijo y la liberación del legendario tributo de las “ cien doncellas”, que los reyes asturleoneses venían pagando anualmente a los califas musulmanes. Existen referencias escritas de esta celebración desde del siglo XVI, situando la fecha en el 14 de agosto (fechas coincidentes con la Asunción de la Virgen, el día 15 de agosto). La celebración de Las Cantaderas ha sido trasladada al domingo anterior al 5 de octubre, celebración de la fiesta de San Froilán.

La ceremonia actual trata de emular a la de entonces: jóvenes ricamente ataviadas a la usanza medieval bailan al ritmo marcado por la “sotadera“, -mujer mora que debía instruirlas en las costumbres musulmana- avanzando desde la plaza del Ayuntamiento hasta la Catedral. Tras el grupo de jovenes, la Corporación Municipal marcha entre maceros de honor, encargada de hacer una ofrenda a la Virgen.